
Con la reciente publicación de la Ley General de Economía Circular (LGEC) en México, las empresas tendrán un cambio estructural en la forma en diseñan, producen, distribuyen y gestionan sus productos y residuos.
Su impacto es amplio porque introduce obligaciones regulatorias, incentivos económicos y nuevas oportunidades de negocio vinculadas a la sostenibilidad.
El impacto principal es el cambio de modelo de producción, del lineal a la circular. Por diversas décadas las empresas han operado bajo un modelo “extraer–producir–desechar”.
La LGEC impulsa la transición hacia un modelo circular basado en la reducción de residuos, la reutilización de materiales, el diseño de productos duraderos, el reciclaje y la valorización.
Este nuevo modelo implica, para las empresas, rediseñar productos para que duren más, facilitar reparación y reciclaje, reducir uso de materias primas vírgenes e implementar esquemas de retorno de productos; lo que supone inversiones iniciales, pero también eficiencias a largo plazo.
Por otra parte, la LGEC introduce responsabilidades más estrictas, especialmente para productores e importadores. Entre ellas destacan la “Responsabilidad Extendida del Productor”, lo que significa que las empresas deberán hacerse cargo del ciclo de vida de sus productos, incluyendo la etapa postconsumo, debiendo de realizar reportes a las autoridades de esta nueva responsabilidad.
Muchas empresas deberán elaborar planes de economía circular donde incluyan elaborar diagnósticos de circularidad, establecer metas de reducción y reportar avances.
Conforme las empresas vayan adecuándose a esta nueva legislación se enfrentarán a diversas situaciones como el incremento de costos a corto plazo, oportunidades en el mediano plazo a oportunidades de negocio y ahorros.
Las grandes empresas en nuestro país tendrán mayor capacidad de adaptación, más obligaciones formales y un mayor escrutinio público.
Por lo que se refiere a las Pymes tendrán limitaciones financieras, menor capacidad técnica y riesgos de rezago, pero también tendrán oportunidad de integrarse a cadenas circulares, así como aprovechar nichos de reciclaje y servicios verdes. En este sector, el apoyo gubernamental será clave para lograr el éxito.
La Ley General de Economía Circular marca un punto de inflexión para el sector empresarial en México. Aunque en el corto plazo implica mayores costos, ajustes operativos y nuevas cargas regulatorias, en el mediano y largo plazo puede traducirse en nuevos modelos de negocio, ventajas competitivas y acceso a mercados sostenibles.
Las empresas que se anticipen y adopten la circularidad como estrategia central no solo cumplirán con la ley, sino que podrán posicionarse como líderes en la nueva economía sostenible.
Nos leemos en la próxima, gracias por su lectura y sus comentarios.
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