
Acá entre Nos, la creación de una escuela municipalista por parte de Morena no surge en el vacío ni es una ocurrencia reciente. Se inscribe, consciente o no, en una tradición profunda del municipalismo mexicano, una corriente de pensamiento y práctica política que ha insistido durante décadas en una idea central: el municipio no es la base decorativa del Estado, sino su cimiento democrático, mi agradecimiento y reconocimiento a quien lo impulso.
Teóricos y practicantes del municipalismo como César Musalem y Honorio Ojeda entendieron con claridad que el municipio es mucho más que una instancia administrativa. Para ellos, el gobierno local es escuela de ciudadanía, espacio de autogobierno y territorio donde el poder se humaniza. Desde ahí pensaron el desarrollo, la participación social y la construcción de lo público.
César Musalem insistía en que el municipalismo no podía reducirse a una técnica de gestión. Era, ante todo, una cultura política: conocimiento del territorio, respeto a la comunidad, ética en el ejercicio del poder y visión de largo plazo. Gobernar un municipio implicaba comprender su historia, su identidad y su vocación, no solo administrar recursos escasos. Sin formación municipalista (advertía) el ayuntamiento quedaba atrapado entre la improvisación y la subordinación.
Por su parte, Honorio Ojeda colocó el acento en el municipio como espacio de democracia viva. Defendió la idea de que la participación ciudadana no es un complemento del gobierno local, sino su razón de ser. Cabildos fuertes, deliberación pública, contrapesos internos y ciudadanía organizada eran, para Ojeda, condiciones indispensables para evitar que el municipio se convirtiera en una simple oficina ejecutora de decisiones ajenas.
Vista desde esa tradición, la escuela municipalista de Morena representa una posibilidad histórica: recuperar un pensamiento que fue marginado por el centralismo y la tecnocracia, y traducirlo en formación política y administrativa para quienes gobiernan desde lo local.
Pero honrar ese legado implica asumir responsabilidades claras. Una escuela municipalista coherente, no puede limitarse a capacitar en reglamentos y formatos. Debe formar municipalistas integrales, capaces de pensar el poder desde abajo y de ejercerlo con responsabilidad democrática. En la mayor parte de las ocasiones, los menos municipalistas son las autoridades municipales electas
A continuación, plasmo lo que debería ser el tronco común de los temas que impartiría la citada escuela
Ejes formativos desde el pensamiento municipalista
- Municipio como comunidad política
El ayuntamiento no como gestor, sino como expresión del autogobierno local y de la voluntad colectiva.
- Autonomía municipal y federalismo real
No como consigna, sino como práctica cotidiana frente al centralismo y la dependencia financiera.
- Ética pública y servicio comunitario
El poder municipal como mandato social, no como botín político.
- Participación ciudadana sustantiva
Cabildos abiertos, deliberación pública y control social del gobierno.
- Planeación con identidad territorial
Desarrollo pensado desde la historia, la cultura y la vocación del municipio.
- Formación política del funcionariado local
El servidor público municipal como actor político con responsabilidad democrática.
- Justicia social y gobierno de proximidad
El municipio como primer garante de derechos y bienestar.
La escuela municipalista de Morena puede, si así lo decide, reconectar con esta tradición intelectual y convertirla en práctica cotidiana de gobierno. No se trata solo de ganar municipios, sino de dignificar el gobierno local y devolverle su sentido democrático.
Acá entre Nos y como advirtieron César Musalem y Honorio Ojeda desde distintas trincheras, sin municipalismo no hay democracia plena, y sin formación municipalista el poder local corre el riesgo de perder su razón de ser. Hoy, esa lección vuelve a estar sobre la mesa.
** El Autor es Municipalista
Correo:gabriel.lopez@ideasac.org.mx
