Román Sánchez Zamora

La reproducción de los modelos sociales es el camino más simple, nunca la transformación

El linaje, la herencia, de los que salen a la luz, las fortunas ocultas permanecen en las sombras como seres temerosos a salir, a cambiar, a que sean atacados, desconocidos, lejanos; es mejor ir a la escuela, graduarse, y ocultarse, sin ser identificados por ese apellido, del que fue sólo el arma, el instrumento y su parte quedó clavada en la ciudad, para su familia.

Entre los bandidos hay un código de honor.

En el mundo de la corrupción, la palabra es lo único que vale.

En el mundo de los ladrones, entre ellos mismos deben protegerse, aunque se odien, porque podrían llegar otros más violentos y sangrientos, es mejor tener una alianza y seguir viviendo.

Hoy, como siempre la historia trata de olvidarse y les llaman libertadores, liberales de las mejores ideas, aunque todo haya sido producto de la apropiación de lo ajeno, y en lugar de ser condenados fueron protegidos.

Cada uno de estos grupos, impulsaron a los suyos dentro de los gobiernos, como en el siglo XVII, compraron sus plazas y son inamovibles, protegidos por legisladores, por jueces, por fedatarios, industriales, hasta por líderes de mercados que añoran los tiempos de juventud y de noches interminables que cuentan una y otra vez, tienen a los suyos insertos en esos laberintos de la burocracia.

Algunos escondidos en zonas residenciales, otros en ranchos, otros más en colonias populares, otros más en unidades habitacionales, en pueblos cercanos, y todos, siempre con ganancias sin que esto se vea afectado por el partido político que gobierne.

Ese linaje, esa alcurnia, es la que vive desde hace más de trescientos años y es la que cada mañana domina las calles, las escuelas y cada transacción de los centros de población.

¿Qué hay de nuevo?

El abuso, engaño, hambre, Orwell, en La granja, 1984.