
El buscarse a uno mismo, está en uno mismo, en la esencia de uno; no todos lo consiguen
Quien solo busca respuestas, debe tener las preguntas correctas.
Un día nos dijo ese tipo que al final de mis días de lectura me recordaba al Lobo Estepario.
¿Él qué sabría de mi vida?
¿De mis preguntas?
¿De mis anhelos?
¿De mis sueños?
Sólo deseaba verse interesante aquella tarde que leía y llegábamos de la escuela, le vimos, nos acercamos, solo repetía un párrafo, sacó otro libro, y otro más, y otro más, luego sacó unas anotaciones de una servilleta y sus ojos se iluminaron, ya para ese momento lo veía yo desde el comedor y me causó más curiosidad.
Tomó esa servilleta, una pluma, la pasó sobre una firma, una y otra vez la punta de su pluma, como si quisiera recrearla.
-Es increíble lo puedes encontrar en la noche correcta, en una hora perdida y en un café que todos abuchean, pero por la ubicación del lugar acuden, para ser observados, para observar, para charlar y hasta para olvidar.
-Bajo de uno de los hoteles alrededor, no sé cuál, su personal busca cómo llegar al aeropuerto, le dije en menos de un minuto y pasamos más de dos horas hablando; el taxi espero todo ese tiempo, con sus dos auxiliares a bordo, viendo su reloj, tomó una servilleta y me dio sus datos, que era interesante mi charla que le motivaba que continuará en otro momento, con un café de verdad.
-Allí me hice escritor, dijo.
Fue cuando vi, que cada libro que estaba en la mesa tenía su nombre.
-La soledad ha sido el precio, pero los viajes y la gente ha sido la mejor recompensa, buscado como Van Gogh, lúcido como el Marqués de Sade, profundo como Monterroso, leve como Séneca, simple como Nietzsche, pero fuerte como Isaacs, perdido como Nervo…
La pasión es el secreto…
