En la escuela de la vida, nadie le pregunta si quiere matricularse.
Basta con nacer y ya está uno matriculado. No hay uniformes ni pupitres asignados. Y el curso escolar, nunca termina.
Lo curioso es que, en esta escuela, somos alumnos y profesores.
Pero el gran maestro es el tiempo, ese Profesor exigente, paciente y a veces severo.
No avisa de los exámenes. Un dÃa se despierta y ahà está el examen en el pupitre. Y si no ha estudiado, no tiene sentido pedir un nuevo examen.
Algunas materias son fáciles: el amor, la amistad, la alegrÃa. Otras requieren más esfuerzo: la paciencia, la tolerancia, el perdón.
También hay materias que preferirÃamos no cursar: el dolor, la pérdida, la soledad.
Pero es a través de ellas que el aprendizaje se profundiza.
El Director de la escuela, a quien muchos llaman Dios, tiene una forma muy particular de preparar las clases.
A veces enseña desde el cariño; otras, desde la dificultad. Y asà acumulan calificaciones, sin una boleta impresa, pero con un registro invisible en los corazones.
En el conflicto, se aprende a valorar la paz.
En la escasez, se descubre lo suficiente.
Al presenciar la injusticia, se practica la empatÃa.
Y en la vida diaria, se aprende el difÃcil arte de amar al prójimo, una lección que algunos repiten durante años sin llegar a dominarla.
En esta escuela no hay vacaciones.
No suena la campana para terminar el dÃa.
Cada dÃa es una nueva lección. Y quizás el diploma final sea la serenidad de mirar atrás y decir:
“AprendÃ. Cometà errores, pero aprendÃ. Vivà la lección, hasta el último capÃtulo».
CATECISMO FRANCISCANO DE SAN NOROÑA.
Y como dicen por ahÃ, ya entrados en gastos, a continuación, el Catecismo Franciscano, según San Noroña, escrito por el Periodista Carlos Avendaño:
B1. Bienaventurados los pobres… siempre y cuando no me quiten el crédito hipotecario para mi mansión de 12 millones en Tepoztlán.
2. El humilde franciscano de antaño que no tenÃa ni para un café, hoy se ilumina con lámparas coloniales en sus 259 metros de construcción, mientras predica en el Senado de la República contra la opulencia neoliberal.
3. Cuando Peña Nieto tuvo la Casa Blanca, Noroña tronaba: “Esa casa debe donarse para becas estudiantiles. Hoy, con su choza franciscana de 12 millones, el nuevo evangelio es: Mi casa no es lujo, es un espacio de resistencia popular con jacuzzi.
4. Que quede claro: La austeridad republicana es para los demás. Para él, la verdadera Cuarta Transformación consiste en pasar de rentar a ser hipotecario de lujo con vista al Tepozteco.
5. La congruencia polÃtica no murió, simplemente fue desalojada… para que Noroña pudiera meter su alberca. Y asÃ, entre sermones y escrituras (las inmobiliarias, no las bÃblicas), el humilde hijo del pueblo se convierte en el más fiel discÃpulo del santo patrono de la hipocresÃa: San Doble Discurso de Tepoztlán…
En fin, como escribió Patricia Quiñones:
Esa escuela sin recreo ni campana,
a la que llamamos vida,
esa que te pone a prueba sin aviso,
donde las lecciones duelen,
y el amor también enseña.
