
Hay personas que gobiernan con manual en mano. Carla Amtmann gobierna con brújula, corazón y cabeza fría.
Y eso, en tiempos de desafección política, no es poca cosa. Desde la sureña y lluviosa Valdivia, esta profesora de historia nacida en 1987 no solo dirige una ciudad: lidera una manera distinta de ejercer el poder. Más cercana, más alegre, más estratégica.
En 2023, se celebró el XIV Congreso Iberoamericano de Municipalistas y tuve la oportunidad de conocer esta ciudad, Valdivia, capital de la Región de Los Ríos, es una ciudad fluvial y verde, situada entre ríos, humedales y bosques templados. Fundada en 1552, con fuerte herencia alemana y tradición universitaria, combina identidad patrimonial con una creciente vocación por la sostenibilidad. Con cerca de 180 mil habitantes, Valdivia es hoy laboratorio urbano y social del sur chileno, y bajo el liderazgo de Amtmann, se ha convertido también en un referente iberoamericano de innovación municipal.
Porque sí, se puede ser seria sin ser solemne. Y Amtmann lo demuestra cada día desde la alcaldía de Valdivia y más allá, como presidenta de la Unión Iberoamericana de Municipalistas (UIM). ¿Su sello? Inteligencia progresista y técnica con un toque humano que la aleja del político tradicional y la acerca, sin disfraces, a la gente.
Su recorrido es notable. Estudiosa del desarrollo internacional y con un magíster en economía aplicada, podría haberse quedado en la academia. Pero eligió la calle, la comunidad, el barrio de la gestión pública. Y desde ahí impulsa lo que llama «municipalismo transformador», un concepto que en su caso no es eslogan, sino praxis.
¿Ejemplos? “Valdivia Elige”, su sistema de presupuestos participativos ganó el Premio Iberoamericano a las Buenas Prácticas Locales 2023. Una idea simple pero poderosa: dejar que los vecinos decidan en qué invertir los recursos. Y eso no es todo. En 14 años nadie había actualizado el plan regulador de la ciudad; ella lo hizo, y con enfoque climático, urbano y preventivo.
Pero si algo diferencia a Amtmann es su uso de la jovialidad como herramienta política. Lejos del lenguaje acartonado, explica políticas públicas en cápsulas animadas en redes sociales, saluda en lengua de señas y mapudungun (Idioma mapuche), y recorre ferias sin operativos de protocolo. La solemnidad del poder, para ella, es un obstáculo más que un requisito.
Su visión feminista también se palpa en hechos. Instaló gabinetes paritarios, creó la Oficina de la Mujer y promovió desde la UIM una red de 120 municipios con enfoque de género. No es feminismo de consigna, es institucional. Lo mismo con su apuesta ecológica: prohibió plásticos en edificios municipales y avanza en movilidad eléctrica para Valdivia.
Y mientras lidera su ciudad, transforma una organización internacional: la UIM. Desde ahí ha puesto sobre la mesa los tres grandes dilemas del siglo XXI: desigualdad, cambio climático y crisis política; y ha articulado acciones concretas, como la Cumbre de Innovación Local 2024 con Barcelona o el Congreso UIM a celebrarse en Trujillo, Perú. Pero, sobre todo, ha instalado la idea de que los municipios no son actores menores, sino protagonistas del cambio global.
Su próxima jugada: una Academia de Liderazgo Femenino Local, un barrio carbono neutral en Valdivia, y una Red de Innovación Cívica que replicará su modelo participativo en 30 ciudades más. Carla Amtmann no promete revoluciones abstractas: las diseña, las ejecuta y las cuenta con pedagogía.
¿Su secreto? Gobernar con rigor técnico, pero sin perder la sonrisa. Como ella misma dice: “Lo local no es lo pequeño, es lo esencial”. Y tiene razón. Porque ahí en el barrio, en la escuela, en calle, es donde la política se vuelve carne. O se vuelve nada.
Acá entre Nos, desde el sur de Chile, esta alcaldesa demuestra que otro municipalismo no solo es posible. Ya está ocurriendo. Y tiene rostro de mujer, acento valdiviano y la alegría como forma de resistencia.
** El Autor es Municipalista
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