Román Sánchez Zamora

El reclamo entre los sueños y realidades, lo viejo y lo nuevo, la deuda heredada por siempre

-En el sueño de las serpientes emplumadas, los guerreros águila, la comunión entre los seres humanos y los animales era en mis sueños, era perfecta, pero en este sueño de conquista, también se descuida el calor y el valor que se fragua desde el odio y el rencor por los conquistados, los sobajados, los despojados hasta de su dignidad.

-Una grandeza que se busca y hacer realidad entre las piedras, entre las plumas y coronas del reinventor de la historia misma en “nuestros cielos las águilas y yo fuimos gemelas”, gritar y salir a la lucha de algo que quizá no existió pero que nos motiva a seguir.

-Buscar la paternidad entre los huecos de los volcanes, entre la savia de los nopales y magueyes, allí se busca, allí se teoriza, pero en realidad, ¿quisimos seguir allí o seguimos la línea de negarnos cuando nos conviene y seguimos esa línea de los misioneros que adoctrinaban a ser culpables de todo, menos de nuestro origen?

También buscamos entre nuestros demonios y alebrijes a otros mundos, pero al final hasta esto fue entregado al gran capital para el consumo masivo, y comprado como un reconocimiento a lo mexicano, pero nunca fue así, aun en la actualidad nos dan espejos por el oro de nuestro ingenio.

Amado siente un nudo en la garganta.

Si, algunos tratan de explicar de manera muy rápida a México como surrealista, y allí muchos justificaron como un ser único y mágico para soportar sus ambigüedades en su formación política, en su responsabilidad cívica y de familia; para muchos es más cómodo una palabra que comprometerse a mostrar su escuela.

La fantasía sigue en este país, desde sus festejos, hasta sus lugares de descanso que cada año viven, sienten y sufren, la tierra prometida.

Lovecraft analiza sus letras.