Román Sánchez Zamora

La turba social cree que quemando un libro se acaba el problema, cuando allí está el problema

-La gente es un número, sin sentimientos, sin oportunidades, su única salida la pobreza, la monotonía y la muerte, ser sólo parte de un registro en una bitácora que a diario se vacía y la vuelven a llenar para que el fin de semana se den un respiro y como rutina vean que se llenó una parte, quizá porque eran días de descanso al estrés acumulado durante la semana.

-Nadie los ve, nadie los contempla, a nadie le interesa, porque son ellos los que deben despertar, pero con unos minutos de telenovelas, de deportes en televisión, de risas por un programa, de análisis superficiales creen que se están formando y defienden en pequeños párrafos lo que creen saber, un día son economistas, otro saben sobre política exterior, otro más sobre sistemas financieros, y hablan de estudios que se realizaron en universidades extranjeras pero no saben el autor de estas supuestas investigaciones, es decir se manejan por rumores y actúan violentamente al ser descubiertos.

-Todos ellos se escudan en el anonimato y anónimamente generan redes de desprestigio a quien los ponga en evidencia o sólo trate de ver la composición de su red cibernética por medio de algún planteamiento de algún matemático.

-El mundo no está loco ni perdido, eso es minimizar el problema, se auto destruye, actúa contra sí mismo y no deja que el debate se abra, porque quedaría exhibido en la pereza mental.

Ray abraza un libro.

-No ha cambiado mucho, el mundo desde mis días a estos días, pocos sabían leer, y muy pocos sabían disfrutar de una buena lectura, algunos como hoy, y como en la época clásica de los griegos y luego los romanos, ocupaban ese saber en contra de los más desprotegidos, porque cubriéndose con el manto de la sabiduría, ocultaban sus fechorías.