El ser sin dejar de ser ha sido una lucha de letras y saber del dolor, más allá del tiempo
-El México que cada año emprende una caminata, buscando absolución de sus pecados; el que camina doliente, animoso, pero que no cambia su modo de vida, sigue sumido en la conformidad, en el ciclo de los vicios, la pereza y la esperanza que un día va a ser visto por algún político o un nuevo rico y vivirá de la generosidad de este.
-El sueño americano es parte de su esperanza un día marcharse y de un momento a otro ganar un sorteo o ser parte de una herencia de algún desconocido dentro de sus sueños más profundos, y los hay quienes buscan una pareja que lo compartirá todo únicamente por la magia del amor, el mexicano es apasionado.
-Lejos de las abstracciones del conocimiento, lejos del trabajo disciplinado, el ahorro y el esfuerzo diario, busca ser parte de un sistema que los reprime y empobrece, que unos cuantos tienen la suerte de ser observados a la distancia, y hasta llegan a ser jefes de la policía o diputados, e incluso secretarios de Estado, aunque no cubran el perfil, porque el poder es para poder.
José Agustín, toma un cigarro y café y observa por la ventana.
Bradbury, suspira…
-Todos deben sacrificar algo, en la lucha de esos buenos que buscan vivir una vida en paz, de progreso, de monotonías, de obreros y obreras atrapados en una máquina rutinariamente que como parte del engranaje volverán al mismo lugar un día y al otro estarán allí porque la polea los jalará de inmediato; los seres despiertan y buscan luchar, pero al final regresan a sus espacios porque no saben qué más hacer, nunca les mostraron otros mundos y otros espacios para crecer y desarrollarse, la venta de la esperanza se vive todos los días en México.
Los escribas piensan en emancipación.